CADENA LÁCTEA

Clúster Lechero Regional: una red que promueve el desarrollo inclusivo y sustentable

Surgió en 2008 como un espacio de integración e intercambio de saberes entre productores y, actualmente, reúne 662 tambos de las provincias de Santa Fe, Santiago del Estero y Córdoba. El aporte del INTA y el acceso a herramientas financieras y de innovación potenciaron la actividad.

Clúster Lechero Regional: una red que promueve el desarrollo inclusivo y sustentable

El Clúster Lechero Regional es una asociación civil sin fines de lucro ideada con el objetivo de impulsar a nivel local la cadena láctea. Abarcando una superficie aproximada de más de 20.000 km², integra a los departamentos de San Cristóbal, Castellanos y Las Colonias, del noroeste de Santa Fe, el departamento de Rivadavia, en el sureste de Santiago del Estero, y el de San Justo en la provincia de Córdoba.

En esta región el sector primario conformado por múltiples establecimientos dedicados a la invernada y a la cría de ganado constituye el motor de la economía, y la porción mayoritaria de tambos se aloja en el área centro-oeste. La actividad agropecuaria desplegada a nivel territorial comprende principalmente la producción láctea, seguida en orden de importancia por la de cereales y oleaginosas, carne y miel.

“Comenzamos con un armado de redes orientado a compartir información y actividades, generar acciones y un espacio para planificar la producción” (E. Varaldo).

El proceso de conformación del clúster tuvo su origen en la sequía acontecida en el período 2008 a 2010 y en un contexto de crisis de la actividad lechera regional. Fue entonces cuando la Agencia de Extensión Rural (AER) INTA Ceres –Santa Fe– realizó una convocatoria orientada a los productores de la región con el objetivo de reflexionar sobre el presente y futuro de la actividad, priorizando la continuidad de los productores locales y su influencia en el desarrollo regional.

“Comenzamos con un armado de redes orientado a compartir información y actividades, generar acciones y planificar la producción”, reconoció Estefanía Varaldo, actual coordinadora del Clúster Lechero Regional.

El compromiso de los actores “fue fundamental para alcanzar una unión que, ante la necesidad de políticas concretas, permitiera contar con una institución de base en funcionamiento”, destacó.

El desarrollo de una cadena láctea a nivel local implicó desde un inicio canalizar objetivos, metas, propuestas y desafíos en conjunto, destacándose la necesidad de evitar la desaparición de aquellos tambos que no lograban recuperarse ante las inclemencias climáticas que azotaban a la región, con profundo impacto en los pequeños productores y sus familias.

 

 

Construcción de redes en el territorio

Actualmente 19 cooperativas lácteas integran el clúster: 12 de la provincia de Santa Fe, 6 de Córdoba y 1 de Santiago del Estero. Estas cooperativas nuclean 662 tambos con una producción diaria de 1.500.000 litros de leche –en promedio–. A esta estructura se integran 19 industrias lácteas, entre las que se cuentan Tregar y Manfrey como socias junto con cuatro pymes.

Se trata de un clúster que reúne a unos 700 tamberos vinculados de forma directa e indirecta que se benefician con la gestión de acciones orientadas a potenciar la cadena láctea en la región. Donde la creación de redes a nivel territorial resulta clave para alcanzar estos resultados.

Se trata de un clúster que reúne a unos 700 tamberos vinculados de forma directa e indirecta.

En ese orden, “el rol del INTA fue promover y motivar el armado de este tipo de organización a través de talleres, visitas a cada cooperativa y generar acciones conjuntas”, explicó Javier Caporgno, ex jefe de la AER INTA Ceres y uno de los principales impulsores de la propuesta. En otras palabras, la visión de trabajo “fue generar innovación, no solo a nivel productivo sino de la organización de los sectores para aportar a su sustentabilidad”, reconoció.

En la conformación del clúster se observaron problemáticas comunes y particulares, constituyéndose en una herramienta de planificación que permitió una sinergia entre lo público y lo privado.

Según Caporgno, la falta de mano de obra calificada fue “uno de los temas sobresalientes en los primeros talleres y encuentros gestionados”.

Desde el INTA se trabajó en el desarrollo de cursos como “El profesional tambero” realizados en varios puntos de la región. “Otro de los ejes de abordaje fueron los caminos rurales y la electrificación en los campos, ya que la falta de potencia eléctrica impedía que los tambos pudieran crecer y tecnificarse”, apuntó Caporgno.

 

 

Potenciar la cadena láctea

En el año 2012 el clúster logró su vinculación con el Programa de Servicios Agrícolas Provinciales (PROSAP) a través de talleres y foros que permitieron esbozar un trabajo de campo y reconocimiento de la zona. Esto contribuyó a delinear los objetivos estratégicos y específicos de la organización.

“La región se caracteriza por contar con productores más bien chicos, muy artesanales y con una brecha tecnológica muy profunda respecto de los tambos grandes”, explicó Franco Lamberti, actual presidente del Clúster Lechero Regional.

“El rol del INTA fue promover y motivar el armado de este tipo de organización” (J. Caporgno).

Con una línea de 20 créditos del PROSAP orientados al cambio tecnológico, en 2015 se renovaron instalaciones eléctricas, máquinas ordeñadoras, equipos de frío, mixers agrícolas, balanzas y palas frontales.

“La posibilidad de tener una instalación eléctrica significó un gran paso”, indicó Lamberti y destacó: “Para el segundo año ya contábamos con más de 150 proyectos –créditos– en los que se fue incorporando tecnología que representó un grado de avance importantísimo para nuestros tambos”.

Desde el PROSAP, que actualmente se ejecuta a través de la Dirección General de Programas y Proyectos Sectoriales y Especiales (DIPROSE) del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, se promovieron proyectos surgidos de los mismos foros y talleres en los que se delinearon gran parte de los ejes de trabajo para financiarlos. Por esta vía se obtuvo información de relevancia acerca de la zona, el número de tambos, litros de producción diaria y tecnología disponible. También fueron otorgados Aportes No Reembolsables (ANR) orientados a las inversiones de los productores.

En la actualidad, además de los fondos propios que el clúster ofrece como créditos a sus socios a valor producto, el PROSAP reintegra hasta un 40 % en determinadas inversiones priorizadas por la institución destinados a la modernización tecnológica. Un total de 8.500.000 pesos han sido otorgados a través de estos aportes intrapediales y extrapediales, con unos 120 productores beneficiados en el territorio.

“La producción de la cuenca lechera aumentó casi un 10 % en los últimos cuatro años” (F. Lamberti).

Entre 2013 y 2016 se llevaron adelante programas destinados al fortalecimiento del clúster. Uno de los ejes de trabajo fueron las pasturas porque “son clave en esta área en la que contamos con una variedad de suelos que van desde la clase 5 o 6 hasta la clase 2, que es la de mayor potencial productivo”, indicó Caporgno. Y agregó que desde el INTA se “generan pasturas adaptadas a ese tipo de suelos desde un sistema tecnológico que contribuye a mejorar su productividad partiendo de las limitantes existentes”.

Además, se trabajó en la recría de terneros, capacitación de mano de obra, calidad y bienestar animal. El asesoramiento brindado permitió unificar experiencias productivas aisladas, sistemas de trabajo y mejoras en la calidad de la producción.

“Durante el verano las temperaturas llegan a alcanzar los 42° y en combinación con la humedad genera estrés en los animales, acarreando problemas en la producción láctea”, indicó el técnico. Frente a este problema, el clúster orientó capacitaciones y fondos para el financiamiento de equipos de ventilación, aspersores, distribución de agua y sombras.

 

 

Beneficios colectivos en primera persona

“La producción de la cuenca lechera aumentó casi un 10 % en los últimos cuatro años”, mencionó Lamberti. Según él, esto se asocia con los cursos destinados a tamberos, los cambios tecnológicos instrumentados a través del PROSAP y los fondos rotatorios y créditos brindados desde la institución. “Entre los principales beneficios alcanzados es fundamental el de no tener deserción de tamberos, ya que un tambo que se cierra son 3 o 4 familias que se quedan sin trabajo”, destacó.

Pero son los socios quienes mejor grafican como se logró reconvertir esta cuenca lechera a través del Clúster Lechero Regional. “Es un ámbito donde se comparten necesidades comunes con una posibilidad enorme de desarrollar soluciones para el sector”, aseguró Carlos Borgonovo, productor de la zona de Villa Trinidad –Santa Fe– e integrante de una cooperativa tambera.

Independientemente de la escala, “nos permite realizar inversiones en áreas clave como infraestructura, energía, equipamiento y salas de ordeñe, lo que contribuye a que los productores tengamos una guía sin un interés comercial detrás”, indicó.

“Es un ámbito donde se comparten necesidades comunes con una posibilidad enorme de desarrollar soluciones para el sector” (C. Borgonovo).

Entre los principales aportes obtenidos a través del clúster, Borgonovo señaló un crédito que en 2018 le permitió incorporar un tamiz para la separación de sólidos de los efluentes del tambo.

Junto con ocho productores que forman parte del clúster “instalamos sistemas de separación de sólidos en los tambos y tres fosas para la recuperación del agua. Estamos enmarcados en las nuevas reglamentaciones ambientales, con la coordinación de INTA Rafaela que acompañó técnicamente este proyecto”, indicó.

Ahora disponen de un circuito cerrado donde reutilizan el agua y separan los sólidos, que son aplicados como abono orgánico en los campos.

Borgonovo la definió como “una producción que se vuelve más amigable con el ambiente”, haciendo notar que, al aportar nutrientes valiosos para la producción, se mejora la eficiencia en la utilización de un recurso como el agua y también la productividad de los cultivos, “representando una mejora ambiental y económica”.

 

 

La voz de las cooperativas

La Cooperativa Tambera Limitada Unión Villa Ana de la localidad de Villa Trinidad–Santa Fe–, con 60 productores socios y 74 tambos, hace casi dos décadas tenía una producción de 57.000 litros y “desde entonces crecimos hasta alcanzar los 200.000 litros de producción diaria, marcando una diferencia”, destacó Javier Nicola, gerente de la cooperativa.

Para los socios de Unión Villa Ana, surgida de la confluencia de cuatro cooperativas lácteas, la incorporación al clúster significó un gran paso no solo por el acceso a herramientas financieras, tecnológicas y de innovación, sino porque les permitió sumar actores a este espacio que “individualmente es difícil reunir”, señaló Nicola.

A su vez, expresó que se sienten apoyados por toda la información que reciben “a partir de la incorporación al clúster y con el INTA pudimos fortalecernos en nuestra actividad, ya que este espacio abarca a todos los actores de la cadena”.

 

 

El presente con visión de futuro

Desde el Clúster Lechero Regional, Lamberti asegura que “este año insistimos con la innovación tecnológica, que aporta cambios significativos en la producción y el bienestar animal, nuestro capital fundamental”.

A su vez, manifestó que “se está dando esa conjunción entre el clúster, el INTA y los gobiernos para que lleguen más políticas de incentivo y crecimiento a la región. Participamos del Club de las Buenas Prácticas Tamberas y hoy contamos con un analizador de alimentos y de leche. Queremos que haya cada vez más tamberos y seguir apostando a esta actividad”.

En el mismo sentido, Estefanía Varaldo mencionó el trabajo que el INTA desarrolla junto con el clúster para la sustentabilidad de los tambos de baja escala. “Hablamos de tambos que ante ciertas dificultades tienden más a cerrar que a permanecer. Es así como desde el grupo de técnicos del INTA se seleccionan aquellas herramientas que les permiten atravesar estos obstáculos”, expresó.

La agroecología es un horizonte y hay una tendencia mundial en esa dirección también en la cadena lechera. “Si bien nos faltan muchas cosas, no estamos tan lejos ya que desarrollamos una de las actividades más amigables con el ambiente”, destacó.

 “La mayoría comprende que la función del clúster es tejer redes en el territorio, que permitan gestionar acciones para potenciar la cadena láctea en pos de contribuir al desarrollo local, promoviendo una lechería competitiva, inclusiva y sustentable”, dijo Varaldo.

Hacia el futuro, el Clúster Lechero Regional se propone como objetivos gestionar líneas de acción en las que se priorice la infraestructura interna y externa y mejorar la eficiencia productiva y económica de las empresas de la región.

 

Más información:

Estefanía Varaldo estefaniavar@hotmail.com

 

VER LA REVISTA COMPLETA