COLUMNA

Cuando los Bioinsumos vienen marchando

El investigador del INTA, Roberto Lecuona, nos plantea en su columna la capacidad científica argentina para el desarrollo de los Bioinsumos. Asume que son las instituciones, en la conformación de red actores públicos y privados, quienes pueden aportar soluciones lógicas y disponer de productos efectivos y confiables.

Por Roberto Lecuona - Instituto de Investigación Microbiología y Zoología Agrícola (IMYZA-CICVYA) INTA Castelar
Cuando los Bioinsumos vienen marchando, la columna de Roberto Lecuona

El término Bioinsumos no es nuevo, viene siendo usado por más de una década de manera creciente con distintas acepciones; para algunos son todos los productos biológicos o agrobiológicos, para otros son aquellos que no contienen productos de síntesis química, para otros son los que se producen de manera intrapredial y así se podría continuar. El punto de partida para este incremento de conceptualizaciones referidas a Bioinsumos puede haber sido la reunión del año 2013 celebrada en Buenos Aires: “Taller sobre la institucionalidad para el desarrollo y comercialización de Bioinsumos en Argentina. Experiencias en países de América Latina y el Caribe” que marcó el inicio de una política explícita en materia de Bioinsumos Agropecuarios. Este taller fue organizado por la Dirección de Biotecnología del ex Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca (MAGyP), el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA). Un interesante resultado de este evento fue la creación del Comité Asesor en Bioinsumos de Uso Agropecuario (CABUA), un órgano asesor intersectorial que cumple funciones de gestión y concertación, atendiendo y formulando propuestas sobre los aspectos de relevancia para este sector. Es un espacio para la coordinación institucional y el logro de acuerdos en una agenda integral para el desarrollo de la bioindustria.

El CABUA define a los Bioinsumos (Resol. MinAgro 29-2016) como “todo aquel producto biológico que consista o haya sido producido por microorganismos (hongos, bacterias, virus, etc.) o macroorganismos (ácaros e insectos benéficos), extractos o compuestos bioactivos derivados de ellos y que esté destinado a ser aplicado como insumo en la producción agropecuaria, agroalimentaria, agroindustrial, agroenergética. Por ejemplo, esto incluye, pero no se limita a: biofertilizantes, fitoestimulantes y/o fitorreguladores, biocontroladores y agentes fitosanitarios (ya sean de origen fúngico, viral, bacteriano, vegetal o animal, o derivados de estos), biorremediadores y/o reductores del impacto ambiental, biotransformadores para el tratamiento de subproductos agropecuarios y bioinsumos para la producción de bioenergía”.

Otra medida que contribuyó a la mayor difusión de los Bioinsumos fue la promoción generada desde el ex MAGyP (Resol. N° 256/2015) llamada “Programa de Fomento del uso de Bioinsumos Agropecuarios (PROFOBIO)”, con el fin de promover y facilitar el uso de los mismos por parte de los productores agropecuarios de la República Argentina. Asimismo, al año siguiente y por iniciativa conjunta entre el ex MAGyP y el ex Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, se lanzó la convocatoria para acceder al Fondo de Regulación de Productos Biotecnológicos (FONREBIO). Este instrumento tuvo por objeto financiar parcialmente, mediante créditos de devolución contingente, proyectos de desregulación de productos agrobiotecnológicos que incluyen a los Bioinsumos.

Estas tres iniciativas no han sido suficientes para avanzar cuantitativamente en el desarrollo de Bioinsumos registrados en Argentina, pero han colaborado para crear un futuro más auspicioso para incrementar las I+D en la temática con el fin de obtener innovaciones en Bioinsumos. Se debe destacar que con la colaboración de CABUA se logró reducir un 65% los montos de los aranceles del SENASA para el registro de Bioinsumos (Resolución E 12/2018 ex MinAgro), incluyendo también a los productos línea jardín, fitorreguladores, feromonas y coadyuvantes.

Hay que agregar a este cambio de paradigma la creación (4/05/2017) de la Cámara Argentina de Bioinsumos (CABIO) con la visión de ser una organización activa, dinámica, innovadora e inclusiva para lograr el reconocimiento y posicionamiento de los bioinsumos de manera sostenible y sustentable.

¿Por qué usar Bioinsumos?

Es bien sabido que el empleo de los Bioinsumos de uso agropecuario viene teniendo un gran impulso y una creciente importancia a nivel mundial en los últimos años debido, principalmente, a que el mercado internacional exige productos ambientalmente sustentables y más seguros para la salud, por el incremento de la producción orgánica, por los elevados costos para el registro de nuevas moléculas de agroquímicos, por el marcado interés de las grandes empresas internacionales en estos productos biológicos, por las desregulaciones o mayores facilidades para el registro de Bioinsumos a nivel mundial, por las posibilidades de incrementar las capacidades locales y regionales y, especialmente, al actual paradigma de la Bioeconomía donde la sustentabilidad ambiental es uno de sus ejes centrales y los Bioinsumos pueden y deben ser jugadores de importancia en esta visión estratégica.

Un ejemplo de lo expresado es el impulso de la UE al establecimiento de programas de Gestión Integrada de Plagas (GIP) (Directiva 2009/128/CEE) la cual limita el uso de plaguicidas químicos de síntesis, generando en consecuencia una mayor demanda de nuevos agentes de control biológico y, en particular, de bioinsecticidas de origen microbiano. Esta medida legal fue acompañada por la reducción del 63% de sustancias activas autorizadas, marcando la responsabilidad del Estado en la regulación y reglamentación del uso de productos tóxicos para la salud y el ambiente.

El mayor porcentaje de participación en el mercado de Bioinsumos lo tienen Estados Unidos más Canadá y la Unión Europea, donde las mayores empresas del sector se encuentran concentradas entre Holanda, Alemania, EEUU, Canadá, Suiza y Australia a la que se suma Nueva Zelanda. Por el lado de América Latina, las empresas radicadas en Brasil llevan la delantera, incluso empresas como Koppert (Holanda) han comprado empresas locales de producción de micoplaguicidas donde realizan I+D+i. Luego hay que incluir a Colombia, Méjico y Cuba como los países latinoamericanos con mayor presencia de estos bioinsumos.

¿Y por casa cómo andamos?

La Argentina es un país rico en recursos naturales, pero con baja inversión en ciencia y tecnología, limitados aportes del sector privado y escasas políticas públicas con visión estratégica a largo plazo en el sector agropecuario y agroindustrial.

En relación a los Bioinsumos agropecuarios, en el país existen pocos productos registrados en SENASA como biocontroladores de plagas, por ejemplo, 21 son a base de bacterias benéficas (Bacillus thuringiensis y subtilis), dos a base de virus entomopatógenos, dos biofungicidas a base de Trichoderma harzianum y dos micoplaguicidas a base de Beauveria bassiana. Del mismo modo, en ANMAT hay 17 productos registrados a base de bacterias para control de plagas (vectores de enfermedades).

A diferencia de los microorganismos, hasta el momento los macroorganismos (entomófagos) no necesitan ser registrados en SENASA y este rubro de los Bioinsumos, con gran desarrollo en el extranjero, está creciendo en nuestro país, con ejemplos como: a)- biofábrica en la Estación Experimental Agropecuaria (EEA) Bella Vista del INTA, para la multiplicación masiva de Tamarixia radiata, un parasitoide que disminuye las poblaciones de Diaphorina citri –vector que transmite la enfermedad HLB; b)- el Centro de Multiplicación de Biocontroladores (CEMUBIO) en la EEA Alto Valle -INTA- que permitirá generar tecnologías para la cría masiva de insectos autóctonos que se usan en el control biológico de plagas en distintos cultivos; c)- la producción de los parasitoides Mastrus ridens y Ascogaster quadridentata para el control de Cydia pomonella en el Laboratorio de Control Biológico de FUNBAPA; d)- la producción masiva de parasitoides de mosca doméstica en la biofábrica del IMYZA del INTA Castelar; e)- la producción masiva de mosca de la fruta estéril para la Técnica del Insecto Estéril (TIE) y de crisópidos y coccinélidos por el ISCAMEN (Mendoza). A esto hay que sumarle la producción de polinizadores (Bombus atratus) y varios enemigos naturales para el control de plagas hortícolas por una empresa privada. Estos son algunos ejemplos de producciones masivas (biofábricas) pero habría que agregarle muchos otros casos de pequeñas y medianas producciones de insectos benéficos.

En Argentina, el uso de los Bioinsumos de origen microbiano está dominado por los biofertilizantes con más de 40 años de experiencia. Dentro de las rizobacterias que promueven el crecimiento de las plantas, aquellas que se encuentran en la rizosfera, en el rizoplano o en los espacios entre las células de la corteza de la raíz, Azotobacter, Azospirillum, Bacillus subtilis y Pseudomonas, son las que presentan las mayores posibilidades para el desarrollo de Bioinsumos. Esto estará también asociado al desarrollo de nuevas formulaciones de inoculantes más eficientes y con mayor tecnología incorporada, así como productos para mitigar los efectos negativos generados por el estrés ambiental (sequía y la salinidad), el creciente interés por las micorrizas en distintos cultivos, así como los consorcios microbianos que también deberán incrementar su desarrollo y utilización en campo. A esto hay que sumarle el interés en el uso de la nanotecnología asociada a los Bioinsumos y el auge de la robótica para su mejor aplicación y distribución en el campo.

Otros ejemplos que se pueden citar de uso de Bioinsumos en Argentina son los bioinsecticidas virales para el control de carpocapsa (Cydia pomonella) en frutales de pepita (por ej.: CARPOVIRUS Plus®) y el biofunguicida a base del hongo benéfico Trichoderma harzianum, (RIZODERMA®) para el control de enfermedades radiculares en cereales de invierno, ambos desarrollados conjuntamente con el IMYZA (INTA Castelar). A esto hay que agregar los recientes lanzamientos de una empresa privada de dos micoinsecticidas (MUMTECH® cebo y líquido, a base de Beauveria bassiana) y otro biofunguicida (a base de T. harzianum) para aplicación foliar (HULKGREEN®). Del mismo modo, se tiene la producción del nematodo benéfico Beddingia siricidicola en Misiones (INTA EEA Montecarlo) para control de la avispa del pino Sirex noctilio.

En los últimos años, se ha visto un marcado interés de distintos sectores tanto de I+D como privados, por el estudio y desarrollo de micoplaguicidas -como lo demuestran los ejemplos citados-, fundamentalmente a base de los hongos B. bassiana y Metarhizium anisopliae.

En el INTA (IMYZA) se están desarrollando algunos de estos bioinsumos para el control de plagas del algodonero y hormigas cortadoras, nematodos, entre otros, pero, es de esperar que este campo de acción se diversifique para el control de plagas en cultivos industriales, fruti-hortícolas y forestales junto con socios del sector privado.

Un área muy poco explorada es el control microbiano de malezas donde las I+D podrán arribar a formulaciones de bioherbicidas para especies resistentes y de difícil control.

Del mismo modo, los Bioinsumos para la industria alimenticia, tanto probióticos, como en la elaboración de quesos (fermentos lácticos en la EEA Salta), industria vitivinícola (levaduras regionales en la EEA Mendoza), celulosa, papel y producción de energía, solo para nombrar algunos ejemplos, son espacios que tenderán a futuros desarrollos innovadores. A esto hay que sumarle los extractos vegetales para ser usados como Bioinsumos para el control de varios artrópodos plagas.

También hay que mencionar otro grupo de Bioinsumos. Los transformadores de diferentes sustratos que podrían agregar valor a diferentes subproductos o residuos del sector agropecuario y/o agroindustrial. Entre los procesos de transformación microbiana de sustratos se encuentra el ensilado, producto resultante de la fermentación de forrajes, granos, rastrojos; llevada a cabo por microorganismos anaeróbicos (genéricamente llamados bacterias lácticas). En países de alta tecnificación, la presencia de dichas bacterias en cantidad y calidad adecuadas, se garantiza mediante la utilización de inoculantes que se aplican al material vegetal en el momento de la preparación del silo. La utilización de dichos insumos garantiza una mayor calidad nutricional y palatabilidad del ensilado. En nuestro país existen productos registrados, en su gran mayoría de importación, muy poco difundidos.

Por otro lado, y en relación con el tema de tratamiento y degradación de residuos agropecuarios y agroindustriales, su manejo incorrecto provoca serios inconvenientes como contaminación de suelos y aguas, emisiones de gases a la atmósfera, olores desagradables, generación de plagas como moscas, mosquitos, roedores, así como microorganismos patógenos indeseados. La inoculación con microorganismos benéficos (bacterias y hongos biodegradadores) podría generar enmiendas para ser utilizadas en distintos cultivos.

Como se puede apreciar, hay mucho conocimiento científico en estas áreas de bioinsumos y será necesario no solo dedicarse a los “paper” sino a incursionar en los bioprocesos para obtener desarrollos, con el acompañamiento del sector privado con visión, dedicación y voluntad de inversión en biológicos a mediano plazo.

¿Y si pescamos a los Bioinsumos con red?

Existen tres actores fundamentales del desarrollo innovador, explicado en el Triángulo de Sábato. El mismo es un modelo de política científico-tecnológica que postula que para que realmente exista un sistema científico-tecnológico es necesario que el Estado (como diseñador y ejecutor de la política) interactúe con la infraestructura científico-tecnológica (como sector de oferta de tecnología) y con el sector productivo. En estos tiempos actuales, con necesidad de innovaciones sustentables y con una visión proyectada a largo plazo, se debería trabajar en un entramado en red con actores multi y transdisciplinarios que incluyan desde saberes locales, productores, cooperativas, asociaciones, universidades, entes reguladores, organismos de financiamiento, ministerios y secretarías, investigadores, extensionistas y empresas privadas.

Esto puede ser representado por un Ecosistema en Red Adhocrática (ERA) con la participación proactiva de todos los actores posibles bajo un objetivo común, el desarrollo y uso de un Bioinsumo específico, donde cada “par” aporta soluciones lógicas para despejar las piedras del camino y lograr una vía rápida y segura para disponer de Bioinsumos efectivos y confiables. Esto implica que para cada Bioinsumo se trabajará en paralelo de manera integrada entre pares, actores imprescindibles o socios estratégicos claves (ver Fig. 1), como los especialistas en I+D, el sector comercial, los responsables de la manufactura del bioinsumo, los organismos regulatorios, las cámaras de productores (clientes potenciales), etc. que se sentarán en la mesa del ERA para alcanzar la meta deseada.


Figura 1: Ecosistema en Red Adhocrática (ERA).

 

¿Y si trabajamos todos juntos construyendo Bioinsumos?

Aspectos relacionados con el Estado (nacional, provincial, municipal) que podrían modificarse para favorecer el desarrollo y uso de Bioinsumos.

  • Políticas públicas proactivas y adaptables para el desarrollo de Bioinsumos, propiciando Mesas Sectoriales Competitivas con objetivos claros y alcanzables.
  • Facilitar el acceso y uso de los recursos naturales provinciales con normativas y exigencias claras, ágiles y unificadas.
  • Incentivos destinados a empresas de Bioinsumos para facilitar su implementación y sostenibilidad en el tiempo.
  • Incentivos a productores para la adopción de tecnologías menos contaminantes, entre ellas el uso de Bioinsumos.
  • Agilidad y accesibilidad en los trámites para el registro de los Bioinsumos con una “ventanilla” específica para los mismos, diferente a la de agroquímicos.
  • Mayores estímulos fiscales, con reducciones en las cargas impositivas para fabricantes y usuarios de Bioinsumos.
  • Oficinas de Vinculación Tecnológica proactivas brindando asesoramiento, colaborando en la búsqueda de socios estratégicos y facilitando los trámites para la transferencia tecnológica.
  • Implementación de Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) a nivel nacional con énfasis en el uso de Bioinsumos.

Mucho de lo expresado en este apartado puede estar contenido en una Norma específica o una Ley de Bioinsumos de uso Agropecuario y Agroindustrial que favorezca la producción nacional y uso de estos bioproductos, minimizando la importación de los mismos.

Desde el Sistema de Ciencia y Tecnología, incluyendo Universidades, se podría analizar distintos aspectos para beneficiar a los Bioinsumos.

  • Mejorar y ampliar las currículas universitarias, desde aspectos básicos hasta aplicados, para demostrar las ventajas económicas y ecológicas del Control Biológico y los Bioinsumos en general, su uso y aplicación en campo.
  • Favorecer el desarrollo de tesinas y tesis en Manejo Integrado de Plagas, Control Biológico, Bioinsumos y Bioprocesos.
  • Incrementar los insuficientes recursos para I+D estatales, en cuanto a recursos económicos y recursos humanos.
  • Unificar la nomenclatura de Bioinsumos de uso común en distintos países para tener definiciones y reglamentaciones similares y trasladarlas a los organismos competentes.
  • Crear una Sociedad Argentina de Control Biológico (SACOBIOL) que promueva y favorezca esta disciplina, así como el desarrollo de los Bioinsumos específicos asociados.
  • Avanzar desde el actual modelo lineal de innovación (desactualizado) hacia Modelos Interactivos e Integradores en Sistemas locales de Innovación, que promuevan sinergias y co-creación a través de alianzas estratégicas entre el sector público y el privado.
  • Contribuir a la difusión y capacitación de los Bioinsumos a distintos niveles: estudiantes, productores, empresarios, funcionarios, extensionistas, cooperativistas y público en general.

Aportes del sector Empresarial que deberían realizar de manera coordinada y en red con los otros sectores participantes

  • Realización de más I+D en las empresas.
  • Incrementar la inversión privada para la instalación de biofábricas con el fin de producir y comercializar Bioinsumos de calidad registrada.
  • Analizar el sistema de cooperativas, actualmente inexistente en el sector de Bioinsumos con vistas a ser una salida productiva para casos específicos, siempre bajo normas de calidad y registro de productos.
  • Priorizar los desarrollos locales en lugar de importar productos biológicos.

En consecuencia, se requiere de una visión a largo plazo y una planificación estratégica sobre como deberá ser la producción agropecuaria y agroindustrial para transformarse en una firme política de Estado, como lo ha hecho la UE, materializada en un programa integral y abarcador que incluya políticas de promoción en I+D+i con integración público-privada, contemplando todas las etapas desde la investigación hasta la comercialización de las innovaciones. A su vez, se requerirá una mayor coordinación entre las acciones de los distintos ministerios y secretarías y otras reparticiones provinciales y municipales para facilitar y promover los desarrollos locales de Bioinsumos.

Una gran parte del sector productivo estaría dispuesto a usar Bioinsumos ya que existen usuarios interesados, pero, al no encontrar disponibilidad de productos registrados, terminan adquiriendo productos de mala y dudosa calidad que perjudican el buen nombre de los Bioinsumos en general. En otros casos, se prefiere la importación de estos insumos biológicos cuando lo óptimo sería utilizar nuestros recursos nativos para favorecer los desarrollos locales o regionales cuando los mismos sean factibles para su producción nacional. Esto implica además que el sector privado también debe aggiornarse, poniendo el eje en la sustentabilidad, acercándose al concepto de co-creación y de innovación abierta, con más participación externa (usuarios, productores, clientes) y descentralización.

Finalmente, los Bioinsumos son productos biotecnológicos en su acepción general y se dispone actualmente de la Ley de Biotecnología 26270 (Decreto Reglamentario 50/18) donde se promueve y estimula la inversión que ayudará a que se sustituyan importaciones y aumenten las exportaciones, favoreciendo las I+D en distintos campos disciplinarios. Si bien este gran paraguas no es abarcativo para todos los Bioinsumos, puede servir para casos particulares, al igual que la reciente normativa de microorganismos genéticamente modificados, que serviría también para casos puntuales de desarrollo de Bioinsumos. Todo esto como “trabajo previo” a la futura Ley de Bioinsumos, que podría favorecer en la próxima década un incremento sustancial de estos productos biológicos, impulsados por la globalización de la economía, las exportaciones de productos diferenciados para mercados exigentes sin residuos de agroquímicos y el incremento de la visión de la bioeconomía como facilitador de desarrollos locales sustentables social, económica y ambientalmente.