A nivel mundial

El cambio climático provocará cambios drásticos en los ecosistemas áridos

Un equipo internacional de investigadores, del que participaron especialistas del INTA, reveló que a medida que los ecosistemas áridos se vuelven más secos ocurren cambios bruscos en sus características. Estiman que para el año 2100 más del 20 % de la superficie terrestre cruzará umbrales de aridez afectando atributos fundamentales para la vida.

Foto gentileza investigador
El cambio climático provocará cambios drásticos en los ecosistemas áridos

El estudio publicado recientemente en la revista Science, realizado por un equipo internacional liderado por investigadores españoles con participación de argentinos, sobre zonas áridas que cubren aproximadamente el 41 % de la superficie terrestre y albergan al 38 % de la población global, aporta nuevos datos sobre cómo aumentos de aridez como consecuencia del cambio climático afectan estos ecosistemas.

Consistió en analizar la mayor compilación de datos empíricos sobre zonas áridas realizada hasta la fecha para determinar “cómo aumentos de aridez como los que se esperan con el cambio climático afectan a los ecosistemas áridos”, explicó Juan Gaitán, investigador del Instituto de Suelos del INTA y uno de los participantes del estudio.

“En este estudio se evaluaron atributos fundamentales de los ecosistemas, como la productividad, cobertura y composición de la vegetación, la fertilidad y las comunidades microbianas de los suelos, y de qué manera estos atributos cambian a lo largo de los amplios gradientes de aridez que pueden encontrarse en las zonas áridas de nuestro planeta”, detalló.

El principal hallazgo es que “a determinados niveles de aridez, pequeños incrementos en la misma desencadenan cambios rápidos, o, a veces, incluso abruptos en las características de los ecosistemas”, indicó Gaitan, quien además es investigador del CONICET y profesor de Conservación de Suelos en la Universidad Nacional de Luján,

De acuerdo con la publicación se identificaron tres niveles de aridez -medida como la inversa del cociente entre la precipitación y la evapotranspiración potencial de cada lugar- que actúan como umbrales. Una vez que se cruza uno de estos umbrales ocurren cambios acelerados en los ecosistemas.

“El primer umbral se identificó en torno a niveles de aridez de 0.5, a partir del cual la productividad de la vegetación disminuye drásticamente. A partir de este punto de aridez el ecosistema empieza a notar la falta de agua, las plantas cambian y sobreviven aquellas que pueden tolerar esa aridez”, explica Gaitán.

Un segundo umbral fue identificado a valores de 0.7 de aridez. Pequeños aumentos de la aridez, a partir de dicho valor, inducen cambios abruptos en los suelos, los cuales se vuelven menos fértiles, con una estructura más débil y por lo tanto más susceptibles a ser erosionados.

Para Miguel Berdugo, de la Universidad Pompeu Fabra, España, y autor principal del estudio, “una vez que este umbral de aridez se sobrepasa se ven afectados de golpe muchos atributos fundamentales del ecosistema. Las plantas que sobreviven son principalmente arbustos que son capaces de obtener agua en capas profundas del suelo. Los microorganismos del suelo, que juegan un papel fundamental en el reciclado de nutrientes, cambian radicalmente, con un aumento de abundancia relativa de especies menos beneficiosas”.

Finalmente, a niveles de aridez superiores a 0,8 la diversidad y cobertura vegetal se desploman. “Una vez cruzamos este umbral el déficit de agua es demasiado grande para soportar el desarrollo de la vegetación. La actividad biológica se reduce drásticamente y la vida pasa a estar condicionada por ventanas de oportunidad que proporcionan los raros episodios de lluvia. Los ecosistemas se han transformado en un desierto”, explica Fernando Maestre, de la Universidad de Alicante, España.

 

Implicancias a nivel global

Los hallazgos de este estudio son de gran relevancia para comprender mejor los impactos del cambio climático en las zonas áridas, así como para establecer acciones de adaptación y mitigación apropiadas.

“Las proyecciones climáticas indican que alrededor del 20 % de las tierras emergidas del planeta podrían cruzar uno o varios de los umbrales de aridez identificados en este estudio en el año 2100”, destacó Gaitán y agregó: “Nuestros resultados sugieren que los ecosistemas áridos pueden experimentar cambios abruptos que pueden afectar notablemente a su capacidad de proveer servicios ecosistémicos como la producción de forraje y la fertilidad del suelo, los cuales son esenciales para las más de 2.000 millones de personas que habitan estos lugares”.

“Con la información aportada sobre cómo cambian las propiedades de la vegetación y el suelo frente a la aridez, y cartografiando las zonas más sensibles, nuestras conclusiones pueden utilizarse para optimizar las tareas de control y restauración, conservar la biodiversidad y evitar la desertificación de estos entornos”, añade Maestre.

 

La situación en Argentina

Los resultados de este estudio “tienen implicancias muy importantes para el país, dado que aproximadamente 2/3 partes de la superficie de Argentina son ecosistemas áridos y no son ajenos a estos procesos globales”, explica el Dr. Gaitán.

Es importante contar con información precisa acerca de cómo cambian los ecosistemas. Para lo cual, el INTA desarrolla una red de monitoreo de los ecosistemas áridos de la Patagonia -red MARAS-.

Esta red está conformada por alrededor de 500 sitios permanentes, que comenzaron a ser instalados a partir de 2008 y en las que, periódicamente, se evalúan atributos del suelo y la vegetación.

“Al comparar las mediciones de cada sitio a lo largo del tiempo, obtenemos información sobre los cambios que están ocurriendo”, indica Gaitán para quien “uno de los nuevos proyectos que el INTA está poniendo en marcha busca extender la red de sitios de monitoreo a todo el país y complementarla con el análisis de imágenes satelitales y datos climáticos. Esto permitirá detectar las zonas que están sufriendo los cambios más severos, está información es esencial para las tareas de mitigación, restauración y el diseño de políticas públicas de control”.