Comunicar la ciencia

El INTA apuesta al fortalecimiento de las ciencias sociales

El desafío de la investigación en el INTA está centrado en iniciativas que apuntan a la colaboración, la formación y la consolidación de capacidades para favorecer su comunicación y la emergencia de las relaciones entre distintas disciplinas.

El INTA apuesta al fortalecimiento de las ciencias sociales

En los alcances de los dominios científicos, las finalidades, las habilidades por desarrollar relacionadas con la producción científica, se destaca el rol central del INTA en la creación y difusión de las transformaciones en curso del desarrollo tecnológico y territorial de la sociedad. Para la investigación en ciencias sociales propone recorridos para apoyar la actividad científica y la calidad de los conocimientos.

Consultados Cecilia Gargano -Universidad Nacional de San Martín, CONICET- y Frédéric Goulet -INTA, CIRAD Francia-, miembros del Comité Editorial de la Revista de Investigaciones Agropecuarias –RIA-, destacan que los desafíos disciplinares deben hacer frente hoy a los crecientes demandas y preguntas sobre ambiente y desarrollo, políticas públicas y seguridad alimentaria de la población a nivel nacional e internacional, entre otros. 

En este paisaje, los investigadores reconocen que la Revista RIA, la principal publicación del INTA con 70 años de historia, resulta un medio destacado para impulsar y difundir la investigación y extensión agropecuaria, el desarrollo agropecuario y las condiciones de la vida rural.

-¿Cómo está posicionada la investigación en ciencias sociales en instituciones del sistema científico argentino, como es el caso del INTA?

Cecilia Gargano (CG): En distintas instituciones del complejo científico y tecnológico se ha dado un crecimiento muy importante en los últimos años en una franja etaria en particular, la cual estaba ausente y que respondía a la incapacidad en la incorporación de becarios e investigadores y de nuevas líneas de investigación en los ’90; sorteada en los últimos años, ha permitido acrecentar las investigaciones en ciencias sociales en particular.

En INTA, en cuanto a investigación en ciencias sociales, es más lo que hay que lo que se ve. En este sentido apunta la nueva orientación de la Revista RIA, en aportar a visibilizar estas indagaciones. Por otro lado, falta articular y elaborar el conocimiento asociado al trabajo en territorio, que no sólo es académico, con el objetivo de capitalizar estas experiencias y obtener a partir de ellas resultados de investigación que también puedan ser comunicados en un formato académico. Por la cantidad de investigadores y por las temáticas que se trabajan, están dadas las condiciones para hacerlo, y es uno de los desafíos que la revista viene a impulsar.

Frédéric Goulet (FG): Puedo responder desde mi trayectoria y comparar la situación con Francia. Allí, institutos de investigación agrícola como el INRA, el CIRAD o el Irstea tienen investigación en ciencias sociales. El INTA está iniciando un recorrido de reforzar las ciencias sociales como actividad científica desde distintas disciplinas y trabajos de investigación. Se está conformando un instituto de investigación en ciencias sociales y es un momento donde se puede construir a largo plazo. Pero toma tiempo para que alcanzar un cierto reconocimiento o autonomía. La trayectoria de los institutos franceses en investigación agrícola muestra que tomó entre 10 a 15 años para que las ciencias sociales sean reconocidas como tales, y no sólo consideradas como apoyo al trabajo de extensión.

-De qué manera se presentaban esos aportes…

FG: Se presentaban casos de agrónomos, tecnólogos que tenían una innovación, no la podían difundir y buscaban a las ciencias sociales para que los ayudaran a comprender las lógicas sociales. Esto ha sido una función pero también ciencias sociales son disciplinas académicas, y los trabajos de investigación tienen su lógica interna y autonomía, y creo que es lo que está en desarrollo hoy en el INTA. Aunque para mantener esa cultura tiene que servirle al campo y poder interactuar con disciplinas más técnicas. Y se está entrando en esa etapa de tratar de autonomizar y profesionalizar la investigación en ciencias sociales.

-¿Y qué lugar han tenido las ciencias sociales, como campo de estudio, si se revisa la historia del INTA?

CG: Estaban presentes, con una influencia muy importante de la escuela norteamericana en sociología rural, sobre todo, en la década del ´60. Así como el INTA como modelo institucional organizacional miró al INRA (Instituto Nacional de Investigación Agronómica, según sus siglas en francés), en relación a los modelos teóricos, en el sistema de extensión y en las investigaciones en sociología rural estuvieron presentes con una influencia muy fuerte los teóricos de la modernización agrícola, los teóricos de la "revolución verde". En economía agraria la influencia inicial también provino de la escuela norteamericana, centrada en el farm management. Luego, en los ´70, se incorporan enfoques de corte más estructuralista y algunos insumos teóricos en la extensión rural provenientes de la educación popular, que ponen en cuestión la mirada inicial, más verticalista y lineal, en la que el agro y sus habitantes estaban asociados al atraso.

-Son los antecedentes de la agricultura familiar…

CG: Al generarse en estos años una renovación teórica en la mirada sobre el espacio rural, de la cual el INTA es parte, se empiezan a poner en discusión nuevos problemas en las agendas, que tienen más que ver con el contexto local y regional, y se comienzan a problematizar los grandes problemas del modelo agropecuario. Procesos políticos y económicos mediante, en los que aparece la dictadura pero también las crisis económicas posteriores, estos enfoques que ubicaban nuevos sujetos sociales agrarios y nuevos problemas estructurales del sector quedan marginados de las agendas de investigación en ciencias sociales. Ya situados en 2005, después de la creación de los CIPAF –Centro de Investigación para la Agricultura Familiar-, la agricultura familiar comienza a reposicionarse como objeto de estudio e intervención dentro de la institución, se incorporan nuevas problemáticas, y encuentra en estos comienzos del INTA y también en organismos de investigación regionales como CLACSO, antecedentes pioneros. Sería interesante y necesario fortalecer las capacidades de investigación en estas líneas.

-¿Cuáles son las disciplinas en ciencias sociales que han tenido un mayor desarrollo en el CIRAD de Francia?

FG: Principalmente, son la sociología y las ciencias políticas pero también hay antropología.

Al respecto, hay un rasgo que se destaca en los institutos franceses y que tiene que ver con buscar profesionales formados en universidades pero por fuera del campo de la investigación agrícola. Esto se pensó para renovarlo y conectarlo más con el campo disciplinar por fuera de esa línea de investigación. De esta manera se logró atraer a profesionales, que nunca habían trabajado en el campo agrícola, en temas rurales y hacer ciencia de buen nivel y conectada con centros de excelencia en ciencias sociales.


Cecilia Gargano y Frédéric Goulet en la entrevista con Revista RIA

-¿Qué sucede en Argentina en cuanto a las líneas de investigación en temas agrarios?

CG: En la Argentina hay una comunidad de investigadores de distintas disciplinas en ciencias sociales donde los estudios sociales agrarios son objeto de investigación hace muchos años. Y en general sus producciones suelen volcarse en revistas de estas disciplinas, que ya están reconocidas como ámbito de discusión académica.

-¿Y qué lugar le toca a la Revista RIA del INTA?

CG: En esa línea, por el tipo de estudios que suelen predominar y por su formato hasta ahora, la Revista RIA del INTA suele ser identificada por estos investigadores como una revista propia de las ciencias naturales. Por eso, la idea es comenzar a tender un puente entre esta herramienta potente de comunicación y de investigación que es la RIA, reconocida en su indexación bajo parámetros locales e internacionales, con investigadores en ciencias sociales, de la comunidad institucional del INTA y de afuera, para que también pueden considerarla en su horizonte de publicaciones. Por otro lado, esto también permite pensar cómo la propia práctica institucional del INTA demanda un tipo de investigación que esté en diálogo con su dinámica, con las diversas tareas que realiza. Que esa experiencia se traduzca en una reflexión de investigación es todo un desafío.

FG: La revista RIA es vista como una publicación para lo que se denomina ciencias duras. En Argentina hay revistas para publicación en ciencias sociales pero RIA no está todavía identificada como espacio de publicación de trabajos en ciencias sociales. Lo que hoy se está haciendo es un trabajo editorial, al promover una apertura también a este tipo de trabajos.

-¿Cuánto tiene el INTA para comunicar desde disciplinas propias de las ciencias sociales?

FG: Que el extensionista cuente lo que hace es una tarea diferente a comunicar un trabajo de investigación en ciencias sociales. En una institución que abarca actividades de extensión y de investigación, pueden existir estas confusiones siempre, que las ciencias sociales estén ligadas a la extensión. Esta confusión está a veces muy marcada, pero hacer investigación en ciencias sociales es una actividad en general muy distinta. No se trata de desvalorar o valorar una o la otra, pero reconocer que a veces, una sola persona no puede hacer todo al mismo tiempo.

CG: Sería raro o mal visto que una institución como el INTA no tuviera un programa de investigación fuerte en biotecnología, o en suelos, por poner un ejemplo. Ahora bien, la función que tiene este organismo desde su creación no termina en lograr la mejor productividad en los cultivos, sino que también está orientada a mejorar la calidad de vida de la población rural, y a generar insumos de políticas públicas para el sector. Articulación que históricamente no ha sido fácil. Para esto es necesario problematizar las formas de vida y producción en el agro, y ése es un rol que le cabe a las ciencias sociales. Entonces, resulta igual de problemático que no existiera un programa de investigación fuerte que cruce preguntas referidas a cómo vive la población en el sector rural, cuántos tipos de productores se registran, a qué se dedican, etc. Un sinnúmero de cuestiones a las cuales el INTA da lugar y lo ha hecho a lo largo de su historia. La manera en que estas inquietudes tengan como resultado trabajos de investigación publicables, en parte tiene que ver con una decisión institucional de fomentar y continuar apostando a profesionalizar la investigación en ciencias sociales desde los estudios sociales del agro.

¿Y qué mecanismos debe darse la institución?

CG: El INTA, que no es una universidad y que tiene su dinámica propia, podría capitalizar en este sentido las acciones que realiza en terreno. Hay que pensar en herramientas para que todo ese gran aporte de información que recopila el extensionista, los datos que obtienen del contacto directo con los productores y las comunidades rurales, se transforme en materia prima para generar reflexiones e insumos de investigación. El contacto que tiene el INTA por su presencia y estructura territorial es inigualable para obtener datos de campo en el sentido que lo hablamos en ciencias sociales, y explotar más ese potencial podría generar nuevos resultados.

¿Y qué pueden aportar los investigadores de sociales?

FG: Los profesionales de ciencias sociales en el INTA tienen mucho para aportar y ayudar a pensar a la institución acerca de lo que está haciendo. Es una mirada crítica sobre lo que se hace, sobre la institución, su relación con la política, con el sector agrícola y permite generar una autorreflexión para todos, desde los dirigentes hasta los investigadores y los extensionistas. Hacerlo visible puede ayudar a crecer al INTA en el sentido de generar debate y reflexividad.

¿Cuál es el aporte de las revistas científicas institucionales?

CG: Una buena revista científica es fundamental para elaborar y difundir las propias indagaciones de la institución. El INTA cuenta con la Revista RIA, que tiene una política abierta a recibir contribuciones y a orientar en el proceso de elaboración de esas comunicaciones. Y cuando se hace referencia al campo como objeto de estudio se abre un abanico tan grande de problemas de investigación, que abarca desde identidades hasta las diferentes formas de acceso y trabajo de la tierra, pasando por la articulación con políticas públicas, es decir, un universo inagotable. Sería importante que quien piense en publicar un trabajo también identifique qué problema de su investigación quiere comunicar, ya que la producción de un artículo siempre responde a un recorte y está orientada a comunicar un objetivo particular. 

FG: El INTA tiene ahora una política para reforzar y organizar las ciencias sociales. Tener una revista como RIA, abrirla a las ciencias sociales, puede ser una herramienta -entre otras- en esta lógica. Pero probablemente, habrá que pasar también por actividades de sensibilización, de formación para que la gente del INTA que está relacionada con ciencias sociales envíe propuestas de artículos. Y afuera de la institución, la revista puede servir a mostrar que tiene actividades en ciencias sociales.