INSTITUCIONAL

“Hay muy pocas instituciones en el mundo como el INTA”

La afirmación es de Carlos Parera, director nacional del INTA, quien repasó los primeros meses de su gestión en un INTA atravesado por las reglas que impone la COVID-19. Destacó la labor desarrollada por la institución para adaptarse a una nueva realidad y “dar respuesta a los problemas que tenemos como país”.

Por Mario Migliorati - Fotos: INTA
“Hay muy pocas instituciones en el mundo como el INTA”

“Fue y es un desafío enorme”, afirmó Carlos Parera para referirse al trabajo realizado por el INTA. Después que la Organización Mundial de la Salud (OMS) evaluara –el pasado 11 de marzo– que la COVID-19 podía ser caracterizada como una pandemia y que el Poder Ejecutivo Nacional decretara el aislamiento social, preventivo y obligatorio (ASPO) para todo el territorio nacional, “se presentó un nuevo marco para dar respuestas como INTA en todo el país”, apuntó.

En los 9 meses transcurridos desde que asumió como director nacional y con la función de coordinar, planificar y gestionar las actividades del instituto durante los próximos cuatro años, reconoció la importancia de dar continuidad a la agenda del organismo donde fueron clave los acuerdos con municipios y organizaciones de productores para responder a las demandas en el territorio (leer nota editada en formato PDF).

El INTA se organizó con el objeto de mantener el nivel operativo y colaborar con distintas instituciones del país y del extranjero para enfrentar la grave crisis sanitaria con aportes a la salud pública, el sector productivo y la educación. “Y se pudo cumplir con los objetivos pautados”, explicó Parera, ingeniero agrónomo egresado de la Universidad Nacional de Cuyo y con un doctorado de la Universidad de Florida –Estados Unidos–.

Parera destacó la reacción para ayudar a “los pequeños y medianos productores a organizarse” y ponderó “el rol de los consejos locales y regionales”, cuya participación en el funcionamiento institucional la define como: “una de las grandes fortalezas de INTA”.

Mendocino y vinculado a la investigación en temas de fisiología vegetal y el uso de los recursos naturales, ingresó al INTA como becario en la Agencia de Extensión Rural La Consulta –Mendoza–, en 1980. Se desempeñó como director de la Estación Experimental Agropecuaria San Juan, desde 1992 hasta 2003, y luego como director del Centro Regional Mendoza – San Juan, desde 2003 hasta 2014. En 2019, tras tomar el cargo de director nacional, expresó que se trataba de “una oportunidad para contribuir y aportar al desarrollo nacional”.

 

La situación generada por la pandemia del COVID-19 llevó a los organismos del Estado a reorganizarse en muy poco tiempo para seguir cumpliendo sus funciones ¿Cómo fue el trabajo desarrollado por el INTA?

En el marco de la pandemia por COVID-19 tuvimos que reconfigurar la institución. Esto nos llevó a trabajar en diferentes planos. Uno de ellos respondió al funcionamiento interno relacionado con las rutinas de trabajo y de funcionamiento que se daban en el INTA. Tuvimos que cambiar rutinas rápidamente para adaptarnos a las formas que indicaba el aislamiento social, preventivo y obligatorio (ASPO), así como también al modo en que fue evolucionando la situación. Es decir, nos encontró en un momento institucional donde contamos con procesos informatizados, lo cual nos ayudó, y con personal capacitado. Este hecho no es menor y resultó, si nos observamos frente al desempeño de otras instituciones, en una ventaja.

Además, nos permitió responder rápidamente sin que se detuviera ningún proceso. Por el contrario, en el segundo trimestre de este año tuvimos un nivel de ejecución presupuestario histórico en un mes, lo que no se puede alcanzar si no se tienen bien coordinados los mecanismos y si no se cuenta con las capacidades. Son aspectos que resalto y destaco de manera significativa.

“Hubo una importante reacción para ayudar a los pequeños y medianos productores a organizarse en la comercialización”.

Sin duda esta capacidad demostrada es el resultado de la planificación y gestión en los últimos años desde la Dirección Nacional…

Sí, por supuesto. Y es también una visión institucional para anticiparse o ir en línea en cómo avanza la disponibilidad tecnológica. En este sentido, el INTA armó sus programas a partir de generar el software propio, adaptarlo o adquirirlo, permitiéndonos contar en este momento con las áreas administrativas informatizadas. Otros aportes surgieron desde el gobierno nacional, al informatizar procesos que no resultaron menores en este contexto para el funcionamiento de la administración pública.

 

¿Qué sucedió con la presencia del INTA en el territorio?

Con respecto al todo el trabajo externo realizado por la institución, se presentaron distintas realidades. La pandemia nos encontró en un momento que podríamos señalar como crítico en cuanto a la operatoria institucional, sobre todo en el tema de extensión y en lo que hacía a la distribución de semillas de la campaña otoño-invierno del programa ProHuerta en el territorio. Normalmente la distribución de semillas se realiza de persona a persona y a grupos con mucho contacto, ya que es la dinámica de la extensión. Este nuevo contexto obligó a repensar las estrategias para la distribución de las semillas y llevó a tener que asociarnos con municipios y organizaciones de productores. Es decir, generar distintas instancias que, más allá de esta situación, permitieron que la totalidad de las semillas fueran distribuidas.

Es una tarea importante en cuanto a la situación de pobreza que se está viviendo y que se va a vivir. Y esta es una herramienta que estamos ofreciendo a nivel institucional junto con el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación como aporte a la lucha contra la pobreza y contra el hambre en Argentina. Desde ese punto de vista hemos podido cumplir con este programa.

 


De izq. a der.: Susana Mirassou, presidenta del INTA, Diana Guillén, jefa de gabinete del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, y Carlos Parera, director nacional.

También se brindó apoyo en estrategias de comercialización a pequeños productores…

Si bien ya se trabajaba y contábamos con experiencias en todo el país, hubo una importante reacción para ayudar a los pequeños y medianos productores a organizarse en la comercialización de la producción de alimentos destinados a los consumidores. El INTA participó de iniciativas para que pudieran ofrecer bolsones de verduras a precios accesibles, esto en cuanto a la necesidad de avanzar en circuitos cortos de comercialización.

“Tenemos la responsabilidad institucional de apoyar a la producción de alimentos que presenta diferentes aristas”.

Al asumir el cargo de director usted remarcaba: “El INTA tiene que adaptarse a esta realidad para dar respuesta con tecnologías e innovación a fin de resolver los problemas reales de la sociedad” ¿Cómo se trabajó en este tiempo para guiar la gestión y brindar respuestas frente a estas demandas? En un escenario actual que era imposible prever en ese momento.

Esta era una demanda de la sociedad y le dimos respuesta rápidamente, ¡lo remarco! A nivel interno hicimos ajustes para dar respuesta y, entre otras acciones, se conformó un comité de crisis. Se trabajó en la reorganización institucional que no estaba prevista antes del mes de marzo de este año.

También comenzamos a observar la necesidad de trabajar en temas estructurales del sector y para el país. En este sentido, trabajamos en muchos frentes en términos del tema sustentabilidad. Esto en cuanto a iniciativas de leyes como la de protección de humedales y fitosanitarios junto con otras que se encuentran en la agenda legislativa y que son centrales para el país. Como no nos quedamos quietos, trabajamos con grupos técnicos desde el rol institucional de ofrecer información científica probada y evaluada a partir de sumar la labor de los mejores profesionales que integran el INTA. Es una tarea importante acompañar al Estado nacional y al poder legislativo con información técnica y científica probada.

 

En el INTA comienzan a generarse ámbitos desde la Dirección Nacional para expresar opiniones y miradas desde la investigación, desarrollo e innovación que permiten reconocer que conviven distintas visiones sobre, por ejemplo, los modelos productivos ¿Estos espacios apuntan a saldar debates o buscan hallar puntos de encuentro y formas de poder convivir?

El INTA es un organismo donde la ciencia y la tecnología constituyen uno de los ejes importantes del funcionamiento institucional. En este sentido, no estoy de acuerdo en que haya posiciones homogéneas porque resulta muy difícil ya que somos unas 7000 personas que conformamos la institución. Pero considero que el desafío es acordar en los temas centrales, es decir: acordar, pero no fijar posición. Esto implica considerar 4 o 5 ejes en común a los que el INTA no renuncie, cualquiera sea la visión o la idea que represente a algún grupo, ya sea por cuestiones ideológicas o porque lo ha comprobado.

Está el caso de la producción agroecológica con cero intervenciones y la producción industrial que representan los dos extremos. Recientemente hicimos un seminario donde tomamos el tema y lo pusimos a discusión y lo que vimos es que vamos acercando posiciones. Los equilibrios son importantes. Tenemos la responsabilidad institucional de apoyar a la producción de alimentos que presenta diferentes aristas y cualquier intervención para producir va a generar un disturbio en ese ambiente. Lo importante en esto es lograr el equilibrio, al asegurar la producción, la disponibilidad de alimentos y materias primas para la agroindustria con el menor impacto posible sobre el ambiente. Este es el gran desafío técnico que tiene el INTA en este momento.

“Estamos restableciendo estas relaciones y ampliando la base de participación que, a mi entender, es la clave del INTA”.

¿Cómo es el diálogo con las organizaciones del campo? Con las que tienen representación en el Consejo Directivo del INTA y aquellas vinculadas a la agricultura familiar.

Con las organizaciones tradicionales del sector productivo que forman parte del Consejo Directivo del INTA no solo nos reunimos en ese espacio, sino que mantenemos reuniones sectoriales. Conformamos agenda sobre temas en común, pero también estamos empezando a establecer lazos con otras organizaciones que no son parte formal del Consejo Directivo pero que, en muchos casos, representan en las regiones a un alto número de productores o cuentan con un número importante de productores asociados. Con estas estamos recreando la relación como, por ejemplo, la Asociación Argentina de Productores Algodoneros que no está sentada en el consejo, pero cuenta con una importante representatividad en el NEA –nordeste– del país. Y también con las organizaciones sociales como la UTT –Unión de Trabajadores de la Tierra– y otras con presencia de pequeños productores. Y si bien estaban un poco dormidas, estamos restableciendo estas relaciones y ampliando la base de participación que, a mi entender, es la clave del INTA. Ampliar la base de participación implica no quedarnos con un solo grupo o una visión única.

 

El ProHuerta acaba de cumplir 30 años, ¿qué desafíos tiene por delante el INTA junto con el Ministerio de Desarrollo Social en temas de seguridad alimentaria?

Me interesa hacer una aclaración, ya que el INTA trabajaba en ProHuerta antes de que existiera como tal. Era un programa muy similar que no llevaba ese nombre, pero que formaba parte de una tradición y se lo conocía como Hogar Rural, un área que era parte de las actividades de extensión.

En este sentido, el ProHuerta se consolidó en el INTA y en el país con altibajos, valles y picos, con momentos muy cambiantes dado que siempre tuvo un importante componente político. En este momento, con el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación nos encontramos ajustando una propuesta de ProHuerta 2021. Consideramos con las autoridades del ministerio que es necesario hacer una revisión y realizar ajustes, de ahí que en este último trimestre hemos mantenido reuniones donde participó la presidenta del INTA, Susana Mirassou, y la responsable de la Dirección Nacional Asistente de Transferencia y Extensión, María Rosa Scala, que tiene a cargo la ejecución del programa. El objetivo es plantear un ProHuerta en función de las experiencias que reconocemos para que las cosas que están bien, se continúen, las que hay que mejorar, se ordenen y, en cuanto a las ideas nuevas, ver qué traen.

 

Los aportes del INTA en investigación y desarrollo son relevantes y reconocidos. En estos meses de pandemia se demostró la capacidad para dar respuestas en investigación, por ejemplo, en cuanto a trabajar con productos biológicos contra el SARS-CoV-2 o sumarse a la red de diagnóstico de Covid-19, y, al mismo tiempo, no dejar de estar con el productor en el territorio ¿Qué es lo que viene en investigación desde el trabajo de cooperación y bajo el concepto de Una Salud?

Esta idea de Una Salud es el desafío que tiene el país y el INTA como un actor central en este tema. La respuesta y capacidad demostrada por la institución con aportes al sistema de salud fue inmediata. Y no se trató de una respuesta “caprichosa”. Son años de inversión y formación y, en consecuencia, cuando se habla de ciencia y tecnología no se debe pensar en un corto plazo, sino a largo plazo. En su momento se pensó así y por eso contamos con las capacidades del personal y de la infraestructura. Porque en algún momento se invirtió y vio que esto era un tema que a futuro iba a tener algún impacto. Esto nos permitió sumarnos rápidamente con aportes en el diagnóstico y que no es posible si no se cuenta con las instalaciones, la tecnología y las capacidades del personal. Realizando determinaciones para el diagnóstico de COVID-19 para la provincia de Buenos Aires desde el INTA Castelar, para Córdoba, desde la Estación Experimental Agropecuaria de Marcos Juárez, y recientemente se integró Entre Ríos, donde la estación experimental de Concepción del Uruguay empezará a analizar muestras.

“Esta idea de Una Salud es el desafío que tiene el país y el INTA como un actor central en este tema”.

Lo importante de destinar y sostener la inversión en ciencia y tecnología para el país…

Es consecuencia de inversión y de haber planificado la formación de investigadores. Con respecto a la repuesta brindada, hemos logrado financiamiento para proyectos de la Agencia de Promoción de la Investigación, el Desarrollo y la Innovación en la convocatoria “Ideas Proyecto COVID-19”. Entre los proyectos financiados se encuentra el que lidera la investigadora Viviana Parreño y que está orientado a la obtención de nanoanticuerpos monoclonales recombinantes derivados de llamas y anticuerpos policlonales, derivados de la yema de huevo, para el diagnóstico y el tratamiento preventivo y terapéutico de COVID-19. Una investigación que se venía realizando y que se adaptó al tema de COVID-19, por lo que fue posible trabajar en brindar una respuesta. Estos proyectos se suman a otros 6 proyectos que desde distintas unidades del país lograron financiamiento de la agencia en la convocatoria: “Programa de articulación y fortalecimiento federal de las capacidades en ciencia y tecnología COVID-19”. También hay otras iniciativas con instituciones y empresas interesadas en desarrollos en esta línea.

 

 

Como ha sucedido en el último tiempo, a esta altura ya se habla del presupuesto del próximo año, ¿qué previsión y expectativas tiene el INTA para el período 2021?

Como INTA hemos elevado una propuesta para el armado del presupuesto. Contamos con la aprobación del Ministerio de Agricultura y estamos haciendo los presupuestos basados en demandas. En estas se incorporó el relevamiento de infraestructura, donde tenemos algún déficit, e hicimos el pedido de las partidas 2 y 3, las más operativas, en función de los proyectos que actualmente tenemos en ejecución. En esta partida se contempla el crecimiento de la cartera con los proyectos locales que abordan problemas y oportunidades de localización geográfica acotada no contemplados en el proceso de priorización a nivel nacional, así como también algunos proyectos eventuales que puedan llegar a salir.

Lo solicitado está dentro de las previsiones que requerimos para funcionamiento y necesidades. Quizás sea el inciso 4 donde se tendría que haber discutido más, ya que queríamos darles un impulso fuerte a algunas inversiones, por ejemplo: vehículos, equipamiento de laboratorio y construcciones. Estoy esperanzado en que vayamos a tener un presupuesto acorde con lo que necesitamos.

 

¿Cómo viene construyendo el vínculo con el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación?

Tenemos una muy buena relación en cuanto a equipos de trabajo. Estamos coordinando con la Secretaría de Agricultura Familiar, Campesina e Indígena en diversas actividades. Nos integramos en proyectos con UNICEF, en un proyecto de microcréditos. Con el ministerio avanzamos en diversos frentes desarrollando acciones de manera conjunta y con mucha expectativa de continuar colaborando. Lo que observo es una vocación de pensar al INTA desde sus capacidades en potenciales políticas públicas que pueda generar el ministerio.

“Estoy esperanzado en que vayamos a tener un presupuesto acorde con lo que necesitamos”.

En este tiempo transcurrido en el INTA, ¿cuál es la valoración que hace del organismo?

Lo que quiero señalar acerca del INTA trasciende la manera en la que me he criado y formado profesionalmente en esta institución. Hay muy pocas instituciones en el mundo como el INTA. He tenido la suerte de visitar e interactuar en muchas organizaciones similares, pero son pocas las que se le parecen. Porque cuenta con componentes que son centrales en el ADN institucional que la hacen única.

 

Le otorga un lugar destacado a la participación en los consejos locales y regionales.

Lo primero es la participación del sector agropecuario. Si bien habría que hacer algunos ajustes, es fundamental que el sector participe. Contamos aproximadamente con 3000 personas que forman parte de los consejos locales y regionales en todo el país de manera ad honorem y realizan aportes relevantes a la institución. Los considero muy importantes porque no permiten que nos vayamos de contexto, sino que nos mantienen atados a la realidad. Por esto es fundamental y prioritario el fortalecimiento de esta herramienta de control social.

Lo segundo es la capacidad que hemos logrado para readaptarnos a situaciones y nuevos desafíos. En esto somos un ejemplo. No somos una institución anquilosada, sino que somos capaces de armar una cartera de proyectos con una nueva visión basada en problemas y oportunidades. Generamos una estructura programática que no estaba y que son las plataformas de innovación territorial. Resultan una importante herramienta para identificar y priorizar problemas y oportunidades que aportan a la innovación regional a corto, mediano y largo plazo. Y si en el lapso de un tiempo, sea porque cambió el contexto, no funciona más, podemos armar otra porque contamos con la capacidad para hacerlo.

El tercer aspecto es el personal. El INTA cuenta con un nivel de formación y capacitación que hace a la diferencia. Es lo que no queremos perder y vamos a trabajar en la nueva visión institucional, es decir, continuar con el fortalecimiento de la capacitación del personal del INTA.

 

Más información: Carlos Parera direccion.nacional@inta.gob.ar 

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