Argentina

La erosión hídrica de suelo provoca pérdidas de US$ 30 M al año

Investigadores del Instituto de Suelos del INTA valorizan las consecuencias inmediatas en la disminución de la productividad agrícola para trigo, maíz y soja. Es el primer estudio científico que, después de 30 años, presenta el mapa nacional completo de la erosión hídrica donde se estima la pérdida del recurso.

Foto gentileza investigadores
La erosión hídrica de suelo provoca pérdidas de US$ 30 M al año

La pérdida de suelo es el principal problema que compromete la sustentabilidad de todos los sistemas productivos del país, con un impacto económico sobre la productividad de los cultivos estimado en US$ 29,9 M anualmente. Esta pérdida, calculada para soja, maíz y trigo, es acumulativa y, por lo tanto, ascendería en una década a US$ 1.645 M.

Estos valores corresponden al libro “Estimación de la pérdida de suelo por erosión hídrica en la República Argentina” (ir al libro), realizado por investigadores el Instituto de Suelos del Centro de Investigación de Recursos Naturales (CIRN) del INTA Castelar.

Se trata del primer estudio científico a escala país que se realiza en los últimos 30 años y que estima el riesgo de erosión hídrica con la finalidad de contribuir al ordenamiento y manejo sustentable de los suelos.

De acuerdo con el estudio, alrededor del 26 % del territorio argentino, unos 72 millones de hectáreas, presenta tasas de erosión hídrica que superan las tasas tolerables -que no comprometan la salud de los ecosistemas-. Esto indica un agravamiento del problema, ya que en un estudio realizado en el año 1988 se estimó la superficie afectada por erosión hídrica en 25 millones de hectáreas.

Es el primer estudio científico a escala país que se realiza en los últimos 30 años y que estima el riesgo de erosión hídrica.

La consecuencia inmediata de la erosión del suelo “es una disminución de la productividad agrícola, debido a la pérdida de nutrientes, a su deterioro físico, a la pérdida de profundidad y en casos extremos es la pérdida total del suelo”, indicó Juan Gaitán, del Instituto de Suelos y uno de los autores del trabajo.

En cuanto a las pérdidas económicas por disminución de los rendimientos de los cultivos, “si se toma el promedio del área agrícola nacional, por hectárea, son relativamente bajas, pero, hay áreas puntuales de la pampa ondulada o el área serrana de Buenos Aires, Córdoba, San Luis, Salta y Tucumán, que son muy afectadas y el perjuicio económico es ascendente”, destacó Patricia Carfagno, especialista del instituto e integrante del estudio.

Sin embargo, además de la pérdida de rendimiento de los cultivos, la erosión provoca otros costos que “no son valorizados en números” y que corresponden a “costos ambientales” debido a la pérdida o disminución de los servicios ecosistémicos que brindan los suelos, reconoció.

Según María Fabiana Navarro, especialista del organismo y coautora del libro, “es muy difícil establecer los costos ambientales”. Por ejemplo, en el proceso de erosión, cuando el agua se lleva partículas del suelo, también se lleva partículas de contaminantes que están asociadas, éstos llegan a los cursos de los ríos y contaminan los cuerpos de agua.

La tasa media de erosión hídrica actual en el área de cultivos agrícolas de Argentina, de acuerdo a este estudio que demandó 2 años de investigación, equivale a 3,91 t/ha/año. En tal sentido, se toma como referencia para toda el área agrícola una densidad aparente media de 1,2 t/m3 -valor considerado para región Pampeana-, por lo que esta tasa se correspondería con la pérdida de una capa de 0,33 milímetros de suelo por año.

Las provincias con mayor tasa de erosión hídrica actual son Neuquén, Misiones y Santa Cruz. En el caso de Neuquén, la tasa media de 22,8 t/ha/año equivale a una pérdida de una capa de aproximadamente 2 milímetros de suelo por año.

Asimismo, las mayores tasas de erosión ocurren en el norte de esa provincia donde se dan simultáneamente fuertes pendientes, precipitaciones moderadas a altas y una fuerte degradación de la cobertura vegetal, principalmente debido al sobrepastoreo. En tanto, las provincias con menores tasas de erosión hídrica actual son La Pampa, Formosa y Santiago del Estero.

La tasa media de erosión hídrica actual en el área de cultivos agrícolas equivale a 3,91 t/ha/año.

De igual modo, se señala que la tasa media de erosión actual de los suelos, que considera todo el territorio nacional, equivale a 6 toneladas por hectárea al año. Esto representa aproximadamente una capa de 0,5 milímetros de espesor que se pierden anualmente.

Los especialistas reconocen que existen fuertes diferencias entre regiones del país. Cerca del 60 % del territorio presenta bajas tasas de erosión -menor a 2 t/ha/año-; fundamentalmente en las regiones con alta cobertura vegetal de pastizales naturales, bosques y selvas.

Mientras, alrededor de un 12 % del territorio presenta tasas de erosión mayores a 10 t/ha/año, principalmente en las regiones áridas y semiáridas con fuertes pendientes y baja cobertura vegetal.

 

Reconocer la erosión

La erosión es el desgaste que se produce en la superficie del suelo por la acción de agentes externos, ya sea el viento o el agua, o, también, puede ocasionarse por la fricción continua de otros cuerpos.

Los especialistas definen la erosión hídrica como el proceso de desprendimiento y arrastre acelerado de las partículas del suelo causado por la acción del agua, que disminuye la productividad de los suelos y afecta la salud de los ecosistemas.

En la publicación, se señala que es una problemática que involucra tres etapas donde se producen daños importantes. Estas comprenden la preparación del material, en cuanto a desprendimiento y remoción, el transporte y la sedimentación.

“La expansión de la frontera agropecuaria contribuyó a la deforestación de amplias superficies que estaban bajo bosques naturales y que actualmente están bajo agricultura”, explicó Carfagno y agregó: “Aumentó la erosión hídrica, lo que se observa en el número de hectáreas que se encuentran bajo este proceso en los últimos años, información que surge del trabajo”.

Pero no solo la causa es la deforestación. “También ocurre o puede ocurrir cuando hay una conversión”, dijo Navarro. Consideró que cuando se pasa de “un sistema natural a un sistema antrópico, se produce de por sí un aumento, ya sea pequeño o grande, en la tasa de erosión, o, por lo menos, del riesgo de erosión”. Y, aunque a veces la erosión hídrica no ocurre, “sí está presente el riesgo”, subrayó.

La expansión de la frontera agropecuaria, especialmente en la región subhúmeda Pampeana y Chaqueña, mediante la incorporación de tierras al cultivo intensivo de granos -especialmente de soja- a expensas de tierras ocupadas por bosque natural sometidas a desmonte y sobrepastoreo en las regiones áridas y semiáridas, “produjo una disminución de la cobertura vegetal, y están entre las principales causas que provocaron un aumento de la erosión hídrica en nuestro país en las últimas décadas”, explicó Gaitán.

 


Mapa de la erosion hídrica en el país que surge del
estudio del Instituto de Suelos del INTA.

Estudio nacional

El mapa es innovador dado que mediante “la clasificación de imágenes satelitales, el tratamiento de información de base de clima, suelos y modelos digitales de terreno mediante sistemas de información geográficos y el relevamiento de datos de campo, se pudo aplicar a nivel nacional el modelo USLE (Ecuación Universal de Pérdida de Suelo, según sus siglas en inglés)”, indicó Gaitán.

La USLE es un método para predecir la tasa de pérdida de suelo en cualquier combinación de suelo, topografía, clima, cobertura y prácticas de manejo. Contempla cinco factores como erosividad de la lluvia, erodabilidad del suelo, longitud y gradiente de la pendiente, cubierta y manejo de cultivos y residuos, y prácticas de conservación, para estimar la pérdida de suelos promedio por el período de tiempo de, generalmente, un año.

“En este trabajo se aplicó una misma metodología para todo el país”, explicó Navarro y aclaró que, en otros trabajos previos, “cada uno utilizaba una determinada metodología que generalmente no coincidía con los otros, lo que generaba inconvenientes a la hora de compatibilizar los trabajos o resultados”.

Asimismo, Carfagno expresó que “se determinó no solo la erosión actual, sino la potencial que es la máxima tasa de erosión que ocurriría si los suelos se mantuvieran desprotegidos sin cobertura vegetal, lo cual permite identificar las zonas con mayor riesgo”.

Al pasar de un sistema natural a un sistema antrópico, se produce de por sí un aumento en la tasa de erosión o del riesgo de erosión.

De repente comenzaron “a recibir consultas de productores que parecía que nunca habían visto la erosión hídrica hasta que se encontraron con las cárcavas”, advirtió Carfagno, sobre los socavones que se producen en el suelo en aquellos campos con pendiente a causa de las avenidas de agua de lluvia.

Al respecto de esto último, la demanda técnica creció en la zona de Pergamino, Arrecifes, San Pedro y Santa Lucía -algunas comunidades de la provincia de Buenos Aires-, cuyos campos son afectadas por el proceso de erosión. Junto a productores y organizaciones, como los Grupos CREA y Aapresid, el INTA trabaja en concientización, recuperación de cárcavas, sistematización de datos bajo diferentes métodos según la problemática.

Este estudio, donde además de Gaitán, Navarro y Carfagno, participaron Leonardo Tenti, María José Pizarro y Santiago Rigo, presenta información de suma importancia para la planificación y toma de decisiones de los gobiernos provinciales y nacional.

Estos mapas podrían contribuir a generar políticas públicas basadas en la implementación de buenas prácticas agrícolas tendientes al ordenamiento y al manejo sustentable de los suelos, principalmente a partir del conocimiento de la ubicación de las áreas críticas y de los riesgos de degradación por erosión.