Investigación aplicada

Prueban micoinsecticidas contra el picudo del algodonero

Son los primeros ensayos a campo con insecticidas biológicos a base de hongos entomopatógenos para el control de la plaga.

Trampa para picudo del algodonero

La generación de conocimientos y tecnologías no contaminantes para controlar al picudo del algodonero, que ocasiona daños en cultivos y aumentos de costos de producción con perjuicios ambientales y sociales, es una de las estrategias que maneja el INTA junto a las provincias algodoneras para bajar su población.

Aunque más del 80 por ciento del área de producción en el mundo está libre del picudo, desde 1993 es una amenaza latente en el país donde cuenta con investigadores que trabajan en distintas tácticas de control para lograr disminuir los perjuicios del picudo con estrategias de manejo integrado de plagas –MIP-.

Con resultados en laboratorio alentadores, “se han realizado por primera vez dos formulaciones experimentales de micoinsecticidas con dos especies de hongos diferentes, las que tuvieron una muy buena eficiencia en laboratorio”, indicó Roberto Lecuona, director Instituto de Microbiología y Zoología Agrícola –IMyZA- del INTA.

Las pruebas con micoinsecticidas presentaron una buena eficiencia en ensayos de laboratorio.

Estos microorganismos benéficos penetran en el picudo a través del tegumento -por contacto- y se “desarrollan en su interior provocándoles la muerte”, destacó Lecuona, responsable del módulo “Desarrollo de micoinsecticidas efectivos contra el picudo del Algodonero para ser empleados en estrategias de manejo integrado a plagas”.

Es la primera vez que se realizan pruebas a campo con una formulación de hongos y “no sabíamos como se comportaría, ya que hay muchos factores externos que complican las evaluaciones como las condiciones climáticas y juegan un papel importante en cuanto a la presencia de las plagas”, indicó.

La investigación forma parte del convenio de vinculación tecnológica que, desde el año 2010, el INTA y las provincias algodoneras de Chaco, Santiago del Estero, Formosa y Santa Fe llevan adelante como estrategia general contra la plaga.

“Creo que todos estamos satisfechos con lo realizado, en particular por ser el primer ensayo a campo con una formulación experimental”, dijo el responsable del grupo que integra junto con Jorge Arcas, Julieta Posadas y Jorge Mini.

En el marco del convenio “Generación de Conocimientos y Tecnologías para el Control del Picudo del Algodonero”, actualmente se desarrollan 7 módulos de trabajo: atrayentes y trampas, silenciamiento genético, plantas transgénicas, micoinsecticidas, proteínas bacterianas, mejoramientos genético y propiedad intelectual.

El enorme potencial de destrucción del picudo se debe a la alta capacidad reproductiva y a las numerosas generaciones que se producen en un ciclo agrícola. El costo que insume combatir el picudo ronda los U$S 70 la hectárea, según estimaciones de la Cámara Algodonera Argentina.

 

Resultados de los ensayos 

Los primeros ensayos realizados en parcelas experimentales de algodón durante 2015, en lotes de Reconquista -Santa Fe- y Roque Sáenz Peña -Chaco- y con dos formulados basados en hongos entomopatógenos Beauveia bassiana y Metarhizium anisopliae, permitieron estudiar y analizar los efectos y evaluar otros aspectos que hacen a la mejora de ensayos futuros.

En lotes contiguos a las parcelas sembradas que recibieron aplicaciones se pudo apreciar una mayor presencia de picudos. Para Lecuona es un dato que reviste cautela, ya que “si bien fueron observaciones muy interesantes, dentro del ensayo no se observaron diferencias entre los tratamientos empleados”.

Este desarrollo de investigadores del INTA es un paso más en la creación de productos biológicos.

De acuerdo al análisis de los datos recabados y con vista a las pruebas que se harán en el transcurso de este año, se piensa ampliar la superficie de aplicación como el uso de estos hongos hacia un manejo microbiano más integrado. El micoinsecticida no solo se aplicará durante el ciclo del cultivo sino también en aquellos lugares de refugio invernal de la plaga para reducir las poblaciones.

Tanto para el IMyZA como para las estaciones experimentales que participan, “estos productos biológicos tienen un interesante futuro, pero recién empezamos. Hacen falta más ensayos en campo, ajustar dosis, momentos y lugares”, destacó Lecuona.

No solo se trata de obtener buenos resultados de control. La investigación debe superar todas las instancias para obtener en unos dos años un producto para manejo del picudo con mínimo impacto al ambiente.